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Invierno seguro con vacunas al día

· Las bajas temperaturas aumentan el riesgo de enfermedades respiratorias. Vacunarte a tiempo contra influenza, COVID-19 y neumococo te protege a ti, a tu familia y a tu comunidad.



La temporada de frío representa uno de los periodos más desafiantes para la salud pública. Durante los meses de otoño e invierno, las bajas temperaturas, los cambios bruscos de clima y el aumento de actividades en espacios cerrados favorecen la propagación de virus y bacterias que afectan principalmente las vías respiratorias. Ante este escenario, la vacunación se consolida como una de las estrategias preventivas más eficaces para reducir enfermedades, complicaciones y hospitalizaciones.

 

¿Qué son las vacunas y por qué son importantes?

 

Las vacunas son preparados biológicos que ayudan al cuerpo a desarrollar defensas contra enfermedades específicas, sin causar la enfermedad de manera grave. Funcionan estimulando al sistema inmunológico para reconocer y combatir virus o bacterias de forma rápida y efectiva si se llega a producir la infección.

 

Su importancia radica en que:

 

  • Protegen a la persona que se vacuna frente a enfermedades graves.

  • Reducen la propagación de virus y bacterias en la comunidad.

  • Disminuyen el riesgo de hospitalización y complicaciones.

  • Salvan vidas, especialmente en grupos vulnerables como niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.

 

En esta época del año, se incrementa notablemente la circulación de virus como la influenza y el SARS-CoV-2 (COVID-19), así como de bacterias responsables de infecciones graves como la neumonía. La vacuna contra la influenza es fundamental, ya que este virus muta constantemente y la protección de años anteriores no garantiza inmunidad suficiente. Por ello, la actualización anual de la vacuna permite al sistema inmunológico reconocer las cepas más probables de la temporada y responder de manera más eficaz ante una infección.

 

De manera complementaria, los refuerzos contra COVID-19 continúan siendo relevantes, especialmente para personas adultas mayores, pacientes con enfermedades crónicas y personal de salud. Aunque muchas personas ya han tenido contacto con el virus, la inmunidad puede disminuir con el tiempo, por lo que los refuerzos ayudan a mantener una protección adecuada frente a nuevas variantes y a reducir el riesgo de enfermedad grave.

 

Otra vacuna de gran importancia durante la temporada fría es la del neumococo. Esta bacteria puede provocar neumonía, meningitis e infecciones en la sangre, padecimientos que suelen agravarse en invierno. La vacunación contra el neumococo es especialmente recomendada en adultos mayores de 60 años, personas con diabetes, enfermedades cardiovasculares, pulmonares, renales o con sistemas inmunológicos comprometidos. Su aplicación ha demostrado disminuir de forma significativa las hospitalizaciones y la mortalidad asociada a infecciones respiratorias graves.

 

¿Quiénes se deben vacunar?

 

  1. Grupos prioritarios: niños menores de 5 años, adultos mayores, mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas (como diabetes, hipertensión, enfermedades respiratorias o cardiovasculares) y personal de salud.

  2. Población general: cualquier persona que desee protegerse de enfermedades respiratorias durante la temporada de frío, especialmente aquellas que conviven con grupos vulnerables, como bebés o adultos mayores. Vacunarse no solo protege al individuo, sino también a quienes lo rodean.

 

Además de proteger de manera individual, la vacunación tiene un impacto directo en la salud colectiva. Cuando un mayor número de personas está vacunado, se reduce la transmisión de enfermedades dentro de la comunidad, lo que protege indirectamente a quienes no pueden vacunarse o presentan mayor vulnerabilidad. Este efecto de protección comunitaria es especialmente relevante durante el invierno, cuando los servicios de salud suelen enfrentar una mayor saturación.

 

Es común que existan dudas o mitos en torno a las vacunas, como la creencia de que pueden causar la enfermedad que previenen. Sin embargo, las vacunas utilizadas en campañas oficiales son seguras, han pasado por rigurosos procesos de evaluación científica y no provocan la enfermedad. Los efectos secundarios suelen ser leves y temporales, como dolor en el sitio de aplicación o malestar general, y son mínimos en comparación con las posibles complicaciones de una infección respiratoria grave.

 

Las autoridades de salud recomiendan acudir a los centros de salud antes o al inicio de la temporada invernal para revisar el esquema de vacunación y recibir orientación profesional. En México, muchas de estas vacunas se ofrecen de manera gratuita a los grupos prioritarios, lo que facilita el acceso y fomenta la prevención oportuna.

 

Otras medidas de prevención

Además de la vacunación, adoptar hábitos de protección diaria es fundamental para reducir el riesgo de enfermedades respiratorias. Abrigarse adecuadamente ayuda a mantener la temperatura corporal y evita cambios bruscos que pueden debilitar las defensas. El uso de bufandas protege cuello y garganta del aire frío, mientras que los guantes ayudan a conservar el calor corporal y reducen el contacto directo con superficies contaminadas.

 

El uso de cubrebocas en espacios cerrados o con alta concentración de personas continúa siendo una medida eficaz para disminuir la transmisión de virus respiratorios, especialmente en temporada invernal. A estas acciones se suman el lavado frecuente de manos, la ventilación de espacios y evitar el contacto cercano con personas enfermas.

 

La prevención comienza antes de enfermar. Mantener las vacunas al día y adoptar hábitos de protección permite reducir riesgos y enfrentar la temporada invernal con mayor tranquilidad y seguridad.

 


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